domingo, 8 de mayo de 2016

Bajo presión - Sandra Gasparini / Under Pressure - Queen


El calor mesopotámico se pegaba a nuestras remeras sucias de tantos días de campamento. La tierra roja tatuaba con tenues bordes herrumbrosos viseras, ropa blanca y zapatillas salpicadas por jornadas de intensa lluvia. Era la vuelta a casa, a Buenos Aires, después de dos semanas internadas en una selva que jamás habíamos imaginado. Era diciembre, llegando las fiestas. Era la adolescencia con perfumes de jazmín en estado puro, amores fantasiosos y camaradería de chicas. Era el verano del país que permanecía en una oscuridad castrense adivinada en un crepúsculo ambiguo: fines de 1981.
Recuerdo que deseábamos que algo pasara. No sabíamos exactamente qué. Mis tres amigas y yo habíamos entrevisto ese “algo” en los temerosos intentos de reconstruir una sociabilidad juvenil amordazada: ir a Obras Sanitarias a escuchar a Charly o al Flaco abría un murmullo inspirador para pensar otro futuro. En esa respiración de animal en estado latente irrumpió el chisporroteo de mi portátil AM en pleno viaje en micro por el corazón de la provincia de Corrientes. La voz de un periodista de noticiero comunicó un movimiento en el agua estancada: el teniente general Viola había sido removido del gobierno de facto y lo reemplazarían –como una pieza de ajedrez que se come a otra- por el vicealmirante Lacoste, un interinato que duraría semanas. 
Seguramente suspiramos, sin saber acaso qué vendría. Porque ahora sí sé qué vendría: Galtieri, Malvinas, el llamado a elecciones. El efecto mariposa. En esa reposera sonámbula con clavos de doncella de hierro nos adormecíamos cuando el chisporroteo de la radio anunció el último tema de Queen. Nos agazapamos en los asientos: nosotras éramos el “cuarteto Queen”, un hato de adolescentes fans de la banda que no parábamos de atormentar a nuestras compañeras de curso con versiones a capella de “Somebody to love”, “Bohemian Rapsody”, “Seaside rendezvous” o “We will rock you”. Nos sentimos interpeladas por esa voz fantasmal en medio de la ruta sombría a ninguna parte. Bowie había grabado con Queen, en un estudio suizo, “Under pressure”. No podíamos creer lo que nos regalaba el éter díscolo que, en oleadas, nos entregaba fragmentos de ese bajo-pared de Deacon y esas vocalizaciones entre oscuras y melodiosas de dos que habían caído a la Tierra y ya volvieron a buscar en una nave invisible.
Pasó el tema. Pasaron la adolescencia y el gobierno de facto. Cuando vuelvo a escuchar “Under pressure” lo reubico en esa lista de sucesos que fueron preanunciando la primavera, que entonces parecía lejana. La presión había logrado hacer estallar esa olla podrida, finalmente. Hubo fuego, hubo muertes, hubo vida. Y las voces de Mercury y del Duque Blanco lo anunciaron.  
Sandra Gasparini




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